jueves, 18 de abril de 2013

Realidad única o realidades colectivas


Lo que se juega es la posibilidad de construir realidad a través de la credibilidad. 

“Nadie le creyó a Elascar” le dice Lanata a Rial. Rial le reprocha que tiene credibilidad, que Lanata atenta contra su credibilidad cuando lo asocia al gobierno. Lanata le dice, esta bien, te creo. Nos preguntamos ¿Si Lanata le cree por qué no lo llamó, le preguntó, Rial le contestaba, lo mismo que hizo al aire, y no decía que lo llamó Zanini? Porque, como dijo Rial, cando Lanata dijo "dos de lo más importantes periodistas de espectáculos”, suponemos que uno es él. Rial le dice que a Fariña no le cree, y que más allá de que le crea o no, le tenía que hacer la nota. ¿Qué otra cosa que credibilidad tiene Rial? No se explica sino cómo logran que tantas personas repitan que Zultano le hizo juicio a Mengana, sin más que una palabra que lo afirma. ¿Por qué otra cosa repetimos lo que vemos en los medios? Porque creemos en lo que vemos. Los medios de comunicación valen en tanto son creíbles. “No farandulees le dice Rial a Lanata”. Qué bueno que Rial también considere que hay cosas que no se farandulean.
El Clarín miente fue un golpe certero al grupo. Nací en 1980, soy uno de los que repitió durante los noventa lo que publicaba y decía Clarín, porque le creía. Si hasta en la prensa trostkistas citan sus artículos: Ismael Bermúdez, no solo es el hermano de Jorge Wermus, alias, te miro desde arriba, sino que escribe o escribía con el seudónimo de Jorge Magri. Clarín era creíble para la mayoría. Soy de los que hasta 6-7-8 en mi vida había escuchado a Víctor Hugo, no conocía su posición política. Kirchneristas o no, después del kirchnerismo todos sabemos que Clarín miente, poco, mucho, pero miente. Quedó al descubierto de todos. Es real que bajaron los ingresos por la venta de diarios y la cantidad de visitas a su portal. El mayor acierto del gobierno fue sacarle el negocio de fútbol, representaban un tercio de los ingresos del Grupo. Que Clarín vende menos diarios quiere decir que es menos creíble. Lo que se está jugando es el poder de construir realidad.

Quien construye la realidad, no construye realidades.

Nos guste o no, la realidad que vivimos es una realidad construida. En esta sociedad existen los que quieren que le construyan la realidad y los que queremos ser parte de la construcción de nuestras realidades. Para algunos es “la realidad”, para nosotros es “las realidades”. Los medios de comunicación tienen la capacidad de construir realidad, de otorgarle a una imagen sentido. Sentido a las sensaciones. Los medios tienen la capacidad de instalar discursos, de que a cierta imagen le otorguen un determinado sentido, que posibilita que cuando una persona ve una cosa, vea una cosa y no otra. Ese sentido no es creado por quienes lo repiten en sus cotidianos, sino que es creación de unos pocos que con su accionar condicionan las posibilidades de existencia de la mayoría. Que tienen poder. De qué se trata el poder sino de tener la capacidad de condicionar el accionar del otro. La política por excelencia es la construcción de realidad. Una realidad que se transforma, es una realidad distinta que se construye. La política es la acción de transformar la realidad. Todos los medios de comunicación hacen política, porque tienen la capacidad de construir realidad.

El periodismo construye realidad

La tarea del periodista consiste en representar un hecho, es decir, en hacer presente un hecho para quienes no fueron testigos del mismo, que se hacen una imagen de lo sucedido a partir de lo que leen o escuchan. Construir una imagen. La literatura se trata de eso, de construir ficción, ese sueño imaginario en el que nos vamos a otra realidad. La lectura es un ejercicio que promueve la existencia de muchas realidades. La pantalla es la realidad única. Primero entraron por los ojos, después por los oídos, después, con los recién nacidos, entran primero por los oídos, lo que escuchan que en su casa repiten, después por los ojos, y con lo audiovisual coparon todo. ¿Cuánto tiempo por día nos pasamos frente a alguna pantalla? La mayoría llevemos una pantalla en alguno de nuestros bolsillos.
Escuché a un columnista de TN, un canoso con barba candado, decir que aunque la justicia no considerara válidas las pruebas de “las cámaras ocultas”, era verdad, porque ellos a través del método periodísticos llegaron a la verdad, y aunque los jueces no reconozcan esa verdad, es verdad, sabemos que la justicia aun con pruebas verdaderas no las dio como válidas. ¿Qué es lo que hacen? Reconocen que pueden construir realidad, es decir, verdad. Por eso algunos hablamos de realidades, porque cada uno tiene su propia verdad. Preferimos las muchas realidades, que repetir la verdad de otro. Se trata de sus verdad y las nuestras. Y logran construir verdad ¿Por qué? Porque son creíbles. Así como nosotros les creemos a tal o cual autor que leemos, nos cuentan cómo son las cosas en no se donde, y después afirmamos que las cosas son de determinada manera en no sé dónde, sin nunca haber estado ahí. De eso se trata la palabra, de hacer presente lo ausente. La magia de la poesía.

Realidad colectiva o realidad única.

Una realidad colectiva o la ganancia económica de los que venden  una realidad única. Ella o vos. Un discurso que siempre va a lo individual, como si se tratara de una cosa de UNO. Es Nosotros o Ustedes. Ellos o Nosotros. Ahí radica la necesidad de unirse y organizarse. El potencial nuestro es la cercanía corporal, la acción en conjunto, la organización. Somos unos muchos que nos oponemos y resistimos a que nos impongan una realidad, porque creemos que la realidad más digna para ser vivid se construye participando con otros, haciendo política. Y así es que puede suceder lo que sucede en la Argentina. La oposición no puede organizar nada, porque no tiene con quién organizar qué. Ellos también son los que repiten la realidad que les venden por la televisión. Cómo se explica sino que los radicales digan las cosas que dicen. ¿Ellos llaman a los suyos a la participación, a unirse, a organizarse? Entonces a qué apuestan, a la creación de malestar, porque al Estado de Bienestar se lo combate creando un estado de malestar, inyectan indignación, buscando que los espectadores se eyecten. Se dirigen a espectadores no a participantes. Lo que promueven es el caos. Una acción colectiva de indignados en movimiento, que al no estar organizados, son capaces de hacer cualquier cosa, no es necesario explayarme en lo que Freud dijo sobre la psicología de las masas.

Partícipes de nuestra realidad.

¿Quién construye la realidad? De eso se trata. Quienes tenían la capacidad plena de construirla e imponerla, fueron atacados, debilitados, pero no derrotados. La contradicción entre el interés privado y el interés público, entre el interés individual y el interés colectivo, perdurará. Pero se trata justamente de organizarnos para condicionar esa tensión, para que no prime lo individual por sobre lo colectivo, aunque tenga lo individual su lugar. Se trata de quienes quieren construir una realidad para que los demás repitan, frente a otros que queremos ser partícipes de la construcción de las distintas realidades, reconociendo la contradicción intrínseca a toda realidad, entre cómo es y cómo debería ser.
Esto no puede ser más así, es lo que difunden los medios de comunicación del capital financiero. Esto no puede ser más así, es una excelente estrategia de venta, “sus zapatos ya no brillan”, llame ya, construyen la zapatería a domicilio. Esto no puede ser más así, caceroleen. Diciembre del 2001 Lanata mostrando las cacerolas, Abril del 2013 y sigue asiendo lo mismo. Lo que pasa que es como ahora son más las cacerolas llenas, no suenan. Esa es nuestra realidad

martes, 12 de marzo de 2013

Para otro Estado otra justicia.

“En el día de ayer y con asombro hemos escuchado y contemplado las impropias afirmaciones hechas a la prensa por el señor presidente de la Corte Suprema de la Justicia de la Nación, doctor Julio Nazareno (…) Es el pasado que no entiende lo nuevo, que se resiste a encarar cambios ,no entiende que no estamos dispuestos a negociar el resultado de cuestiones que la Suprema Corte de Justicia de la Nación tiene que resolver y que largamente exceden las cuestiones económicas que se explicitan para confundir a los ciudadanos” 

Néstor Kircher, 5/06/2003 en cadena nacional. 

Hay quienes dicen que sin la apretada de la Corte no había jornadas por “Una justicia legítima”, es cierto. Otro dice que sin Ley de Medios no había democratización de la justicia, otro contesta que si la Corte jugaba claro a favor de la Ley de Medios no había democratización de la justicia. Otro agrega que sin 2008 no había Ley de Medios, también es cierto, otro dice que la reforma de la justicia empezó con la modificación de la Corte. Uno recuerda que la modificación de la Corte fue por una apretada que se mandaron a dos meses de asumido Kirchner, otro contesta que todo eso pasó porque el 25 de mayo de 2003 se instaló otro modelo de Estado en la Argentina. A qué modelo de Estado debe responder la justicia se discutió en las jornadas “Una justicia legítima”.

La discusión sobre la soberanía de los Estados se inició con los procesos nacionales y populares que se dieron en América Latina. Un Estado que resguarda y protege los intereses de una minoría poderosa o resguarda y protege los intereses de las mayorías frente al poder económico. O un Estado que hace negocios con los aportes previsionales o un Estado que garantiza el derecho a jubilarse. En las jornadas por “Una justicia legítima” se discutió de soberanía. Cómo es posible que nos sometamos a las leyes de otros Estados, preguntaron algunos de los oradores. Venimos de un Estado que cedió soberanía, pero nos encontramos en un momento histórico en el que desde el poder del Estado en el que más se concentra le elite social argentina, emergió un grupo de compañeros de manera organizada, para hacer oír sus voces, que de a una no se escuchaban, y organizaron una actividad en la Biblioteca Nacional que hizo Historia.

Las reformas planteadas para la democratización del poder judicial lejos de quedarse en los tecnicismos reglamentarios, proponen una modificación de la composición social del mismo. La composición patricia del poder judicial llevó a que “fue necesario destituir a los integrantes de la Corte Suprema (de 1946) porque los tribunales se negaban a aplicar las leyes laborales y a tomar juramento a los nuevos jueces del fuero laboral”, como señaló la Procuradora General de la Nación, Gils Carbó. Un ingreso por sorteo público, con concursos en los que lo académico no sea lo preponderante, porque como señaló Gils Carbó, un determinado sector social puede tener una maestría a los veintisiete años. Como señala Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, todo Estado tiene tres componentes: “todo Estado es una estructura material, institucional; es una estructura ideal, de concepciones y percepciones; y es una correlación de fuerzas”. El ingreso de los sectores populares al poder judicial es la posibilidad de que otras concepciones y percepciones del Estado habiten dentro de los tribunales, pero esta vez del lado de adentro del mostrador.

Lo que evidenciaron las jornadas, siguiendo a García Linera, es la correlación de fuerzas dentro del Estado. “En suma, los anuncios que ha realizado el Gobierno, en vez de acercar la Justicia a la ciudadanía, implican el riesgo de que se avance sobre el único poder que debe quedar al margen de las mayorías electorales” escribió Gil Lavedra en LA NACIÓN. ¿Qué va a querer acercar a quienes pide que se queden al margen? Se discute un modelo de sociedad, nos dice Zaffaroni, “Si lo tuviera que decir con mayor claridad, diría, que detrás de la construcción de la realidad de la criminología mediática está la propuesta de un estado modelo Reagan- Tatcher, enfrentado a un modelo Roosevelt. Se trata en definitiva de definir cómo el estado quiere modelar la sociedad: si quiere una sociedad inclusiva, que tienda a la incorporación progresiva de toda la población, que persiga una sociedad sin exclusiones, o que afirme que aquí se terminó la historia y es irremisible que un porcentaje de población quede excluido y se limite a controlarlo para que no moleste. Este último es el modelo de sociedad 30 y 70, propugnado por el giro mundial de los años ochenta y noventa del siglo pasado”.

El proceso que estamos viviendo en el poder judicial no es más que otro de los efectos de la confrontación de dos modelos de Estado. Hay un sector de la sociedad, los nunca marginados, los siempre poderosos, que resisten las mejoras de las mayorías. Son los que defendieron el capital financiero que destruyó nuestra matriz productiva, que para ello se sirvió de un genocidio y de los medios para que lo oculten. Con un poder judicial integrado por la elite social que se benefició de esa dictadura cívico-militar y que contribuyó a protegerla. Son los que en las masacres ven negocios. En el ´76 cobraron con Papel Prensa, en los noventa se hicieron hasta de “la plata de los jubilados”. Se trata de un Estado que promueva una economía que requiera del bienestar de las mayorías, el fortalecimiento de un mercado interno que agrande nuestras industrias o de un Estado que promueve economías que se benefician con la exclusión de las mayorías. Reconozco que cuando escuché a un juez pidiendo “una justicia nacional y popular”, me sacudió el discurso plastificado que tenía del poder judicial. “Nacional, porque tiene que defender el interés de la nación, lo establece la Constitución, y popular porque tiene que defender los intereses de las mayorías, como también establece la Constitución”. Un tiempo precioso el nuestro.

viernes, 8 de marzo de 2013

Taller Criminología mediática

Comparto con ustedes una presentación que realicé pensando en utilizarla como herramienta de formación política, pensando la criminología mediática y su modalidad en la Argentina.
La pensé para inquietos, inconformistas, luchadores, militantes, así que espero pueda servirles. Cualquier corrección que consideren precisa, les pido que me las acerquen. La idea es que sea claro y accesible.

http://es.scribd.com/doc/129238038/Taller-Criminologia-mediatica

viernes, 5 de octubre de 2012

¿Poder de qué? De hacer nombrar.

Les propongo que pensemos respecto a por qué los medios de comunicación tienen tanto poder. ¿Poder de qué tienen? ¿Cómo es que tienen tanto? Les propongo que pensemos acerca de cómo nos constituimos como sujetos, que hablemos del lenguaje, del discurso, del discurso como forma en la que se organiza el lenguaje. Que pensemos de qué se trata eso de la alienación. ¿Qué quiere decir alienarse? Alienarse es ponerse en el lugar de otro, ponerse en el lugar en el que otro nos pone. Les propongo que pensemos que el sujeto se aliena al lenguaje, por lo tanto, se aliena al discurso, porque el discurso es el modo en el que el lenguaje se organiza. Que pensemos sobre el poder del discurso de organizar, de poner en distintos lugares, del poder del discurso de poner a un sujeto en un lugar u otro y los efectos que eso  tiene.
Les propongo que pensemos que todo sujeto que ingresa al mundo lo hace por un lugar que está organizado de alguna manera y esa manera condicionará el lugar donde lo pongan. Si se entra al mundo por la manera familia, el recién llegado es puesto en el lugar de hijo y eso implica que mantendrá un tipo de relación social sólo con algunos y esa relación está preestablecida. El recién llegado no elige por dónde entrar. A quienes entramos por donde hay Estado, está establecido que quien trae una persona al mundo tiene obligaciones que cumplir. Obligaciones que no sólo pueden cumplirlas quienes traen a una persona al mundo, ya que en la Argentina, desde hace algunos años, se puede tener dos padres o dos madres. Si entramos al mundo por la familia, es porque hay un discurso de familia, es decir, se dice sobre cómo debe ser la familia, existe un discurso establecido sobre cómo deben funcionar las mismas y la calidad de las relaciones familiares. ¡Ay de quienes no cumplen con el discurso familiar! Sabemos de las tensiones que puede producir a un sujeto las distancias entre su relación de familia con "La relación" del discurso familiar. La televisión disemina en casi todas las casas, porque en casi todas hay televisores, el discurso familiar a través del entretenimiento, mostrando familias armónicas, libres de violencia, donde no hay carencias, solo caricias, casas donde consumen lo que los demás quieren consumir. En estos tiempos se llega al mundo de esa manera por estos lados, con un discurso que nos intentan imponer mientras la realidad dice otra cosa. El poder de decir es el poder de construir realidad, poner las cosas y los sujetos en un lugar y no en otro.

La construcción de realidad

Una realidad que se construye desde el lenguaje. El lenguaje está organizado, está organizado como un discurso. El lenguaje es la materialidad del discurso. Hay determinaciones sobre cómo usar las palabras, cómo ordenarlas. El discurso organiza el lenguaje. Sabemos que el lenguaje puede organizarse de distintas maneras, a través de distintos discursos. El discurso actual no es el mismo que el de hace quinientos años. Hoy el lenguaje está organizado de un modo determinado, al modo del discurso dominante, y decimos dominante porque predomina en casi todos lados. Lo que no quiere decir que no pueda predominar otro o que el discurso predominante no entre en conflictos con otros discursos. Eso fue lo que pasó en la Argentina desde el 2003 a la fecha. Se produjo un conflicto entre el discurso sobre el Estado que tienen los capitales financieros propietarios de medios dominantes de comunicación y el de quienes están al frente del Poder Ejecutivo Nacional.
El poder del discurso radica en hacer nombrar. El poder de nombrar a otro, de condicionar el accionar del otro por el modo en que lo nombro. Uno nombra con la palabra, pero para nombrar se necesita del lenguaje, del discurso, que organiza el nombrar de alguna manera. Depende del modo en que se nombre a un sujeto, se lo pone en un lugar u otro. Lo que decíamos antes, no es lo mismo que se nombre a un sujeto como hijo que como padre, como compañero que como esposa, como rico que como evasor, como pobre que como delincuente. Depende de cómo nombre a ese sujeto será el tipo de relación que establezco y ciertas otras que no, justamente por el modo en que los nombro. Si nombro a una mujer como mi mujer, hay ciertas relaciones que con otras mujeres no puedo establecer, según el discurso de la familia, pero esto se debe a que la familia se montó sobre otro discurso, que es el de la propiedad privada, pero no vamos a detenernos en eso en este momento.
Estábamos con que el modo de nombrar establece relaciones, lugares en los que me pongo y pongo al otro, porque reconozcamos que así como cuando nombro pongo al otro en algún lugar, también en algún lugar me pongo al momento de nombrar. Si lo nombro padre, me pongo en el lugar de hijo, si la nombro compañera, me pongo en el lugar de compañero. Si lo nombro villero me pongo por fuera de la villa. Los no villeros nombraron villeros. Recuerdo la presentación del segundo libro de Camilo Blajaquis en la Biblioteca Nacional, en el que el autor le respondió a una universitaria: “Decís que ustedes también hacen trabajo en territorio y eso delata que sos de afuera. Yo trabajo en el barrio, no en el territorio.” Tomemos otro ejemplo: en una participación que realicé en escuelas de un barrio muy pobre del conurbano bonaerense, escuché a jóvenes nombrar a sus compañeros despectivamente como villeros y los llamé a reflexionar al respecto, diciéndoles que los estaban llamando como los llaman Ellos, los que tienen el poder de imponer discurso, de imponer un modo de nombrar. Que para Ellos, los constructores de la criminología mediática, el problema no son “los villeros”, son, como bien señala Zaffaroni, los jóvenes de los barrios marginales, por lo que dentro de los no deseados, los peligrosos, ellos también quedaban incluidos, sin importar si es una villa o no donde viven, la condición es que sea un barrio marginal. El “ellos” de Ellos no somos nosotros. Quieren que nos llamemos como nos nombran.
Si reconocemos la alienación como proceso sociológico, que el sujeto está alienado, debemos reconocer a qué se aliena el sujeto. El sujeto es producto de la alienación al lenguaje. Lenguaje que está organizado, como ya dijimos, como un discurso. Según cómo nos nombren, será el lugar en el que nos pongan y desde ese lugar empezaremos a relacionarnos, desde ese lugar aprenderemos a hablar, si es que lo hacemos. Y aprendemos a hablar con los modos de nombrar que hay por donde llegamos al mundo. No se trata sólo de hablar castellano, sino que de acuerdo por donde entramos al mundo será el modo en el que seremos nombrados y nombremos, no es lo mismos si lo hacemos por Barrio Norte o por el barrio Carlos Gardel. Porque uno comienza a nombrar a la manera que lo hacen aquellos de quienes aprendemos a hablar, quienes nos rodean.

Espectadores y espectantes

Prendemos la tele y vemos cómo nombran. Decimos vemos, porque el discurso televisivo se sostiene de la imagen. Te quedás mirando la imagen mientras te dicen lo que tenés que ver en esa imagen, sosteniéndote en el lugar de espectador (vos no tenés nada que ver con lo que estás viendo) y luego logran producir expectantes. Producen espectadores y expectantes de que alguien que aparezca en la televisión solucione lo que la televisión nos señala como problema. Tienen el poder de darle imagen a lo que nombran, de hacerte mirar lo que dicen, no de escucharlos. Para escucharlos hay que detenerse y por eso no se detienen en ningún momento, es imagen tras imagen, el poder de la atracción.
El discurso de los medios dominantes de comunicación no es inocente, lo señala muy bien Raúl Zaffaroni: “la criminología mediática (el discurso criminológico que se difunde por los medios) nos va inyectando una comunicación de entretenimientos que va configurando el marco de interpretación de esa realidad. Esa criminología nos baja de Estados Unidos, y es el desmantelamiento del estado social (que incorpora a los excluidos) para levantar el estado gendarme (cuya única función es mantenerlos en la exclusión por medio de la represión)”.
Entonces cuando observamos que difunden “los planes descansar” para referirse a la Asignación Universal por Hijo, eso es una muestra de sus deseos de desmantelar el estado social, por eso, como hacen los Bullrich, como el ministro de educación porteño, dicen  que eliminarían la AUH si gobernara Macri. El ministro de educación de la Ciudad no Autónoma de Buenos Aires eliminaría una medida que aumentó la matrícula escolar. Son los que piden mantener a un sector de la población en la exclusión en base a la represión, pedían que se repriman a los piqueteros, son los que construyeron a los piqueteros como un enemigo del bienestar social, sin cuestionar que el estado neoliberal sólo puede producir eso y mucho más de eso.
Nos pueden hacer nombrar. Que digan de nosotros. Que los nombren “pibes chorros” a niños que nunca robaron por cómo los observan. “¿Así que me dejaste de baby sitter? Bueno, yo le voy a enseñar a esta criatura a mirar el mundo, qué tiene que ver cuando ve y que crea que no tienen nada que ver con lo que le pasa por delante. Esto que ves, querido, es peligroso, se viste con zapatillas deportivas, usa gorrita, algunos laburan para la policía, porque los policías son todos corruptos, aunque cuando hay un delito les pedimos que hagan su trabajo, que los maten, porque les pagamos para eso, para que maten a otro, sino para qué llevan armas. Y tenés que saber que cuando los delitos los cometemos los que vestimos de traje, pedimos que uno que se vista como nosotros nos defienda, un abogado, los de uniforme con los de uniforme.”

Cómo debemos relacionarnos

El poder de los medios consiste en que logran difundir un discurso que ordena las relaciones sociales de un modo y no de otro. Que un nene sienta miedo de otros chicos porque están vestidos como los que los medios muestran y nombran como peligrosos, no habiendo sido nunca víctima de un robo. Tantos niños que pasan muchas horas frente a la pantalla y después tienen poco dominio sobre su cuerpo, como ya observan los profesores de educación física en las escuelas de las grandes ciudades. Mis sobrinos nunca fueron robados, circulan poco por el espacio público y sienten miedo si ven un pibe con pantalón tres tiras, bicera y zapatillas con resortes. El ejemplo sirve para dar cuenta de las marcas del discurso en el cuerpo, el discurso de los medios logra que millones de  personas sientan miedo, logran producir efectos dentro de un cuerpo, producen miedo, entre tantas otras cosas. Los avances tecnológicos les posibilitaron a los medios de comunicación del poder financiero llegar a tantos con el mismo discurso, a diseminar el miedo por el mundo y luego venderles productos para combatirlo.

El poder de nombrar, es el poder de dar sentido. El poder de nombrar es el poder de dar un sentido en vez de otro. Lo vivimos durante los noventa, había quienes ante un piquete veíamos luchadores sociales, porque así los nombramos, y estaban quienes veían delincuentes y por lo tanto solicitaban represión policial, porque así los nombraban. Los medios de comunicación tienen el poder de lograr que cuando veas una cosa, veas una cosa y no otra.

lunes, 12 de marzo de 2012

“Lo que se hace es crear miedo y luego sacar provecho de eso”


Página/12

Impulsor de la “criminología cultural”, Keith Hayward critica las corrientes teóricas dominantes, que giran en torno de la policía, las cárceles, la vigilancia y las cámaras. Analiza cómo las dinámicas culturales se articulan con las prácticas del delito y su control. Y en ese marco, advierte, los medios juegan un papel fundamental. Las “soluciones” que se importan sin analizar las características de cada caso. El ejemplo paradigmático de las revueltas londinenses y las llamadas “pandillas”.





 Por Aruguete Natalia y Schijman Bárbara
¿De qué se trata la criminología cultural?
–La criminología cultural tiene que ver con cierta sensibilidad, con un estado de ánimo; no se trata de una simple posición teórica. Cómo entender la noción de criminología cultural o cómo abordarla tiene que ver con la posición que uno toma en lo que hace a cuestiones relacionadas con el crimen, el delito, y el castigo, pero también con la situación política –el capitalismo– y, especialmente, el consumismo, la justicia y la moralidad. Creo que gran parte de la criminología de hoy carece de moralidad.
¿En qué sentido?
–En que sólo promueve la justicia criminal. Y creo que el mundo necesita menos de justicia criminal y más de justicia social. Esta idea se contrapone a la organización de formas de justicia penal y a la criminología que las respalda. Se trata de un reto a esas posiciones, que, a menudo, tienen muy poco que ver con la justicia en la forma en que yo la percibo. Es en ese sentido que la criminología cultural se opone a las corrientes teóricas dominantes: la criminología institucional establecida gira en torno de la policía, las cárceles, la vigilancia, las cámaras, el control.
¿Sugiere, entonces, que la distinción entre las nociones dominantes de criminología y la idea de criminología cultural responde a distintas categorías de justicia social?
–Sí, aunque no digo que toda la criminología corriente descarte la justicia, que no se preocupe por ella o que sea inmoral. Creo que el problema es lo limitado de su radio. Por ejemplo, cualquiera puede observar el estado de las cárceles y sostener que es necesario mejorar las condiciones en la prisión. Estoy de acuerdo con la mejora de los regímenes penitenciarios, especialmente en esta parte del mundo, pero la preocupación mayor es estudiar de qué modo promover el cambio social.
Desde una perspectiva teórica, ¿de qué modo se relacionan el crimen y su control, con la representación simbólica y la interpretación cultural?
–En las últimas dos décadas hemos visto lo que podría describirse como criminología sociológica y el surgimiento de estudios enfocados en la justicia criminal. La criminología cultural está muy alineada con las interpretaciones sociológico-culturales del delito. En distintos lugares se capacita a la policía con el propósito de hacerla más eficiente en un sistema que está contento con funcionar en un marco dado por el incremento en la cantidad de cárceles, el aumento de la población carcelaria y un estado policial presente en muchos sitios. Más que criminología, en algunos de mis trabajos describo este cambio como el aumento de la “contrología”.
¿A qué alude el término?
–Que la gente, los sociólogos o criminólogos renuncian a la tarea de buscar las causas que derivan en la ocurrencia de delitos, los fundamentos culturales, sociales y económicos que se esconden detrás de ellos, o aquellas cuestiones que hacen que la delincuencia sea diferente en distintos lugares. La cuestión es tratar de entender las causas del delito en individuos y grupos, y explicar por qué sus niveles son diferentes en diversos lugares, culturas, países y ciudades. Estos son los objetivos originales de la criminología como disciplina. Y creo que en las últimas dos décadas hemos visto que se ha renunciado a ello.
¿Por qué cree que sucede eso?
–Muchos piensan que es demasiado complicado o no están interesados en estas diferencias culturales. Lo que les interesa es controlar el crimen y aceptar el hecho de que tengamos que adjudicar grandes presupuestos para hacer frente a los altos índices de delincuencia, sosteniendo que es parte de vivir en una sociedad capitalista. Esa es la posición oficial, desde la cual se dice: “¿Qué vamos a hacer? No nos vamos a preocupar por las causas del delito o de por qué varía de un lugar a otro. Vamos a controlarlo usando técnicas de vigilancia y prisiones pobladas, ampliando los presupuestos destinados a la prisión, la militarización de la policía, mediante técnicas dirigidas a controlar la situación”. Esta es la razón por la cual marco la distinción entre justicia criminal o penal y criminología. A través de los estudios sobre justicia criminal, podemos observar este aumento en términos de contrología, es decir, el estudio del control.
¿Y en cuanto a la representación simbólica del crimen?
–Creo que la comprensión o la interpretación que la gente tiene de la delincuencia viene dada, en gran medida, por dispositivos culturales simbólicos, historias culturales que se producen en los diarios, aparecen en la televisión e, incluso, en la música. La mayoría de las personas no ha estado nunca dentro de una cárcel, por lo que no tiene idea de cómo es, aunque ahora haya programas de televisión que te llevan dentro de las prisiones, que le dan a la gente una idea sobre cómo es la cosa.
¿Cree que realmente logran “dar a la gente una idea” acerca del sistema carcelario?
–Estos programas son conducidos ideológicamente. Entonces, lo que quieren mostrar es lo peligrosa que es la cárcel o lo deshumanizante de la gente que las habita. Muchos se niegan a escuchar interpretaciones o explicaciones de manos de expertos porque creen que entienden la situación. En el Reino Unido, por lo menos, cantidades de famosos hablan sobre los problemas de la delincuencia, acerca de “volver a instaurar la pena de muerte”. Creen que pueden guiarnos y dar pautas sobre castigos penales. Y esto es muy frustrante. Por lo que uno de nuestros objetivos es desacreditar estereotipos, desafiar esta narrativa mono-ideológica de los medios de comunicación. No es que me interesen sólo los medios, pero la realidad es que los medios son muy importantes, porque cambiar la comprensión de la gente implica atender el modo en que el crimen y su castigo se retratan en los medios de comunicación.
¿Cómo lograrlo?
–Elaborar historias que desafíen la norma y, más importante aún, poner de relieve la hipocresía que existe en los medios de comunicación. El delito vende. Así es que de un lado aparecen estas narrativas que demonizan al delincuente y las percepciones de la derecha, y del otro están los medios que utilizan el delito para vender sus productos.
Algunos autores sostienen que la forma en que los medios cubren estos hechos terminan generando cierto “pánico moral” en la gente.
–La cuestión del pánico moral tiene cuarenta años, es una vieja teoría, pero buena; aún funciona. Cada tanto, cuando surge una nueva droga o alguna cuestión que sorprende, reaparece nuevamente el pánico moral clásico. Yo creo que los medios de comunicación funcionan más sofisticadamente en estos días, hasta el punto en que el pánico moral resulta bueno para los negocios. Así, lo que se hace es crear miedo y luego sacar provecho de eso. Por consiguiente, emergen grandes delitos y se benefician de vuelta del pánico moral en un proceso cíclico al modo de una escalera de caracol que parece hacer referencia a uno y otro constantemente. Hay cientos de reality shows policiales muy populares en televisión que encarnan siempre una misma posición ideológica. Nunca hablan sobre políticas o la situación del delito, sino que se refieren a un particular delito callejero. Entonces, antes teníamos el famoso pánico moral causado por la delincuencia callejera, todavía lo tenemos, pero lo que se estudia ahora es el tipo de miedo que el delito genera en la imaginación.
¿Qué rasgos tiene la lógica narrativa de esos programas de TV?
–Se filma la captura de un individuo, luego estos videos se utilizan como técnicas de promoción para conseguir más fondos para la policía, obtener herramientas de formación y crear nuevos cuerpos policiales. La gente mira programas como SWAT, un show que muestra a una policía altamente militarizada, existente en varias ciudades de los Estados Unidos, y entonces siente el temor que provoca el pánico moral. Luego demanda este tipo de fuerzas policiales militarizadas en su ciudad.
Algunos expertos plantean que el delito y su control son funcionales al sistema político. ¿Cree que la criminología y su abordaje responden a intereses específicos?
–El crimen y el delito se han politizado, sobre todo en el Reino Unido y en los Estados Unidos. Allí –y me imagino que en otras partes del mundo también– pareciera que en tiempos electorales los asuntos relacionados con el delito y el crimen, y su castigo, resurgen con fuerza en las agendas. Aparecen los discursos con frases como “necesitamos más policías”, “tenemos que ser duros”, “hay que implementar nuevas medidas como los ataques en Irak”. La mayoría de estos modelos no ha funcionado, pero se pretende exportarlos a estas partes del mundo. Lo que es sorprendente es que los políticos alegremente importan modelos de sistemas judiciales de lugares donde el sistema de justicia no funciona. Por ejemplo, los disturbios de Londres del año pasado fueron descriptos inicialmente como un problema de pandillas. Por eso, los políticos inmediatamente fueron a los Estados Unidos para buscar a los expertos en bandas norteamericanas y llevarlos a Londres. Pero lo que se hizo en esos lugares empeoró el problema de las pandillas, que se arraigaron en sus culturas como nunca antes. Por tanto, ¿por qué buscar a alguien que sistemáticamente ha fracasado en eliminar el problema en su país y luego tratar de llevarlo al Reino Unido, una cultura sobre la que no sabe nada? Este es el tipo de cosas que surgen en términos de crimen y castigo, nociones absurdas.
¿Cómo cree que deberían encararse esos episodios desde la criminología cultural?
–Se suele tomar la vía más sencilla: “pandillas”, “personas negras marginadas provenientes de zonas pobres causaron los disturbios”. Eso vende votos. Entonces, la criminología cultural trata de poner de relieve este tipo de situaciones y la locura política que las acompaña. Se hacen estas cosas que no siempre han funcionado, aunque es muy difícil hacer otra cosa. ¿Alguien puede imaginar a un político en los Estados Unidos decir: “aquí está mi programa electoral para el problema de la delincuencia: voy a reducir el número de cárceles, voy a tratar de cambiar las clasificaciones de los delitos por drogas? Voy a hacer todo lo contrario del resto”? La historia parece decir que así nadie sería elegido. En este contexto político, el crimen es abordado de una sola manera: ponerse duros y más rígidos, y a los políticos que no lo hacen los matan en las urnas.
¿Usted cree que habría que hacer todo lo contrario?
–Bueno, ¿por qué toman ciertas medidas? Porque quieren ser elegidos para gobernar. ¿Y por qué son elegidos? Porque la gente cree algunas de las historias que se le cuentan. Muchos creen que existe un problema sistemático de pandillas en Londres, y que la persona que están trayendo ayudará a resolver la situación. Lo que tendríamos que hacer es ver por qué la gente cree estas cosas, de dónde viene esta ideología: de historias difundidas por los medios. La criminología cultural se interesa mucho por el modo en que los medios presentan estas historias y por presentar historias alternativas.
¿Qué diría acerca de la relación entre delito, crimen y fanatismo?
–Es una pregunta muy compleja. Una de las cosas que diría es que pensar en la delincuencia o en el crimen como un fenómeno unitario, como un “delito” a secas, es muy problemático. Es el modo en que se lo suele considerar al implementar o pensar prácticas de seguridad. Los criminólogos culturales conciben la delincuencia o el crimen como algo muy complicado. Por tanto, tendemos a mirar la delincuencia desde la fenomenología. Así que cuando me preguntan sobre la relación entre crimen y fanatismo advierto que existen diversos tipos de delitos, en momentos, contextos y lugares particulares. Una de las áreas donde el fanatismo se vincula con distintas formas de delito o crímenes sería en el terrorismo. Pero, incluso allí, el terrorista es demonizado por ser visto como este tipo de fanático monomaníaco.
¿Un modo de cerrar la cuestión y evitar mirar a fondo?
–Sí: “son fanáticos, a otra cosa”. Este es sólo un ejemplo. Desde la criminología cultural se pretende instar a considerar el crimen desde una mirada cultural, en diferentes contextos. Porque la delincuencia o el crimen son diferentes aquí que en Inglaterra. No hay que limitarse a importar modelos de justicia penal del Norte y las técnicas de la criminología positivista, con métodos criminológicos. Es preciso crear técnicas propias, específicas, y atendiendo a lo cultural, aunque eso no significa ignorar el buen trabajo que se ha hecho en otros sitios, como en los Estados Unidos o Europa.
¿De qué modo presentaron los medios de comunicación las protestas sociales en Londres y en otras ciudades del mundo?
–En efecto, hubo muy buenos artículos que trataron de explicar los disturbios, prácticas como el saqueo o los robos, a partir del consumismo; algo con lo que concuerdo y a lo que he dedicado mi trabajo de los últimos diez años. Lamentablemente, a la vez, hubo otros comentarios muy obvios y predecibles. Y creo que lo más predecible y deprimente fue la respuesta política: en lugar de buscar y entablar un debate serio, en lugar de consultar a los expertos en criminología, hablaron de la decadencia moral y el incremento de las pandillas callejeras. Probablemente se podría discutir esto a través de la lente de la decadencia moral, pero no se refirieron a su decadencia moral, la que los políticos exhibieron cuando estuvieron involucrados en delitos por fraude. De este modo, la decadencia moral es utilizada y rotulada sobre grupos marginados, personas de barrios pobres. En esta decadencia moral de la prensa y de los políticos también estuvo involucrada la policía. No creo que las personas a cargo de escribir las historias no supieran todo esto, conocen bien esta decadencia moral, el tema es que la forma en que la presentan siempre alude a “su” decadencia moral, la de esos fanáticos agitadores. Muchos están enojados, frustrados, y la diferencia entre unos y otros es que algunos, al menos, conocen o tienen las vías para expresar sus preocupaciones políticas a través de protestas no violentas o de organizaciones, e incluso algunos tienen cierto entendimiento en medios de comunicación; entonces pueden presentar bien sus sensaciones de la explotación capitalista. En cambio, estos grupos en Londres no tienen esa habilidad, no tienen ese conocimiento político.
¿Por qué señala esa diferencia?
–Muchos de ellos (en Londres) no son capaces de descifrar el modo en que el capitalismo los está explotando porque no cuentan con educación o tienen una mala escolarización. No son capaces de manifestarse si no es a través de la protesta violenta. Lo que resulta interesante es que evidencian sus sentimientos en el mercado, llevándose los artículos que quieren: zapatillas, ropa deportiva, televisores de pantalla plana, etc. A la vez, muchos de los sentimientos que el capitalismo trata de engendrar entre los más jóvenes para hacerlos consumir pueden también utilizarse para explicar por qué provocaron los disturbios. Si se piensa en el consumismo, lo que se requiere en los jóvenes, especialmente, es una demanda constante por tener más, una demanda insaciable. La idea del consumismo está diseñado para que se diga: “lo voy a tener ahora, en realidad no puedo afrontar su costo, pero lo voy a conseguir”. Esta especie de suspensión de la racionalidad normal, las prácticas irracionales, y la excitación consumista y demandante generan excitación y estimulación. En cierto modo, algunos de los rasgos que mostraron los disturbios fueron sentimientos o emociones similares: gente impulsiva, actuando por fuera del proceso de toma de decisiones, sin ser conscientes de que estaban siendo captados por las cámaras. Muchos pueden lidiar con esto y controlar la situación con eficacia. No obstante, algunas personas, y muy a menudo las más pobres dentro la sociedad, reciben la mayoría de los mensajes.
¿Podría ampliar este último aspecto?
–Algunos estudios realizados en los Estados Unidos sugieren que las personas más vulnerables de los barrios más pobres son quienes están más expuestas a los avisos publicitarios, porque están mirando televisión todo el tiempo, no leen libros ni van al colegio, constantemente reciben el bombardeo de mensajes publicitarios. Incluso, los habitantes de algunos barrios pobres de los Estados Unidos ni siquiera pueden firmar o escribir su nombre, aunque conocen marcas muy exclusivas como Prada o Gucci, porque son bombardeados seis horas al día con promociones o publicidades. Son los más expuestos a la lógica que marca la cultura del consumo. No siempre, pero muy a menudo, fueron quienes estuvieron involucrados en los disturbios en Londres; con frecuencia, eso estuvo vinculado con lo que denomino la “mercantilización de la violencia” o el “marketing de la transgresión”. Esa mercantilización de la violencia alude a violar la ley o transgredir. No me sorprende que causaran disturbios y saqueos, sí me habría sorprendido si esos grupos hubieran salido a la calle intentado frenar todo para tener una protesta no violenta. Una de las características de estos disturbios fue su forma líquida: irrumpieron aquí, se movieron allá.
Para finalizar, ¿cómo contrarrestar las historias dominantes que se difunden sobre el crimen y la delincuencia?
–Los argumentos sobre el consumismo y el crimen aparecen en mi primer libro: City Limits: Crime, Consumer Culture and the Urban Experience (Sobre los límites de la ciudad, la delincuencia, la cultura del consumo y la experiencia urbana). Allí detallo el surgimiento de la cultura del consumo y el incremento del delito. Framing Crime: Cultural Criminology and the Image (Sobre la construcción simbólica del crimen y la imagen), otro de mis escritos, proporciona herramientas orientadas a captar la sensibilidad acerca de lo que es la criminología cultural, su posición y su política. Asimismo, trata de transmitir un mensaje metodológico muy simple: si quieren tratar de hacer lo que digo, esto es, desafiar o cuestionar las percepciones que tienen los medios o la política de la delincuencia, una forma de hacerlo es criticar esos mensajes pero también contrarrestarlos, presentando mensajes diferentes.
¿Como cuáles?
–Por ejemplo, documentando la filmación de películas, publicando videos en YouTube con lo que vemos en las protestas. Mientras los medios de comunicación presentan estas protestas de una manera, estas personas tratan de difundir su mensaje de otro modo, para eso utilizan formas de comunicación alternativas. En este libro tomo el caso de una protesta de ciclistas que tuvo lugar en Nueva York hace unos años. En el medio de los reclamos por la recuperación de espacios se dieron fuertes enfrentamientos entre los manifestantes y la policía. Un oficial salió a decir que uno de los ciclistas lo había golpeado. Consecuentemente, arrestaron al ciclista. Pero alguien que filmó el incidente pudo dar cuenta de que había ocurrido lo contrario. Evidentemente, ése fue un ejemplo de cómo invertir el espectáculo de los medios. Hay que asegurarse de contar con las técnicas para presentar las historias, porque si se toma la criminología como disciplina, la voz dominante es en general proporcionada por las técnicas de la metodología criminológica, que son básicamente positivistas: sondeos, encuestas o estudios gubernamentales, que a menudo están erróneamente diseñados y toman el crimen como un paradigma uniforme. En un mundo lleno de imágenes, pleno de ideología y retórica política, deberíamos crear nuestras herramientas para desafiar estas cuestiones.

domingo, 9 de octubre de 2011

Seguirán golpeando

Comparto la última nota que escribí para Hamartia:


La contundente victoria de CFK en las Primarias clausuró el ámbito electoral, hasta el 2013, como espacio posible donde combatir y triunfar a quienes operan contra el kirchnerismo. Esto dotará de mayor intensidad los distintos golpes que intentarán propiciarle al gobierno. Sabemos de algunos espacios donde actuarán y los temas que elegirán para hacerlo: los medios y lo público. Operarán sobre temas de interés público, velando sus intereses. Se valdrán de acciones que ocurran donde pise un pobre, sean estas espontáneas o producto de sus tareas organizadas. No se trata de que el huracán Carrió haya llegado a esta orilla sino de leer las marcas que dejan los escribas de turno, de quienes operan con algunos recursos del cincuenta y cinco o el setenta y seis, reconociendo el cincuenta de agosto pasado que tanto los preocupa.  Escriben, escribieron y escribirán sobre el peligro de “la eternidad”, del “totalitarismo”, “los riesgos de la democracia” (porque para ellos esta democracia es un riesgo), “el peligro de una mayoría parlamentaria”, “el gasto público”, sin dejar de repetir a los gritos “que quieren silenciar la libertad de expresión”. 

Completo aquí:  Seguirán golpeando


Adelanto entrevista a Zaffaroni